De Sudáfrica el rooibos, de Valencia las naranjas

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Diferenciamos entre comercio globalizado y comercio global justo. El comercio globalizado tiende a perjudicar siempre al agricultor frente al comercio justo que pone a la persona en el eje central de la toma de decisiones.

Un mercado globalizado busca el beneficio económico a costa de los derechos humanos y el medio ambiente bajo una especie de gran mentira que es la “libertad del consumidor”. Gracias al transporte global sí que podemos conseguir productos que no se pueden producir en nuestro país y además casi en cualquier momento del año. Esta ventaja es un cuchillo de doble filo en las relaciones comerciales, y un claro ejemplo es nuestras relaciones UE – Sudáfrica.

Cuando sufrimos nosotros los acuerdos comerciales injustos

La Unión Europea tiene un acuerdo muy desfavorable para los citricultores europeos, principalmente nuestros productores valencianos, ya que se amplía un mes y medio el período en que la naranja y los cítricos sudafricanos pueden entrar en el mercado comunitario sin aranceles y la reducción del arancel del 16% actual se irá reduciendo anualmente de forma progresiva hasta que sea nulo en 2025.

Desde la Unión Europea, por ejemplo, llevamos décadas importando rooibos a raudales sin ningún tipo de control y a un precio irrisorio. La diferencia está en que los sudafricanos producen rooibos y naranjas y los europeos sólo naranjas, y el consumidor europeo en teoría se beneficia de un precio bajo en la adquisición de la fruta y de la infusión porque en Sudáfrica se paga menos. Craso error.

En este mercado globalizado, los consumidores quieren tener un alimento fresco como es la fruta durante todo el año en sus despensas y neveras. Es una gran contradicción del sistema y especialmente de los países del sur de Europa, como España, que sí que produce cítricos.

El transporte de los alimentos fuera de temporada del hemisferio sur tiene varios perjuicios en su calidad y en su impacto ecológico, que como muchas veces pasa, están más unidos que nunca en este ejemplo. Las naranjas que vienen de Sudáfrica se han de refrigerar para traerlas en barco y al llegar a nuestros lineales de supermercado ya han perdido muchas cualidades de sabor. Tenerlas almacenadas en cámaras es un despilfarro ecológico y medioambiental, y muy a menudo su retirada coincide con la naranja nueva del Levante obligando al comerciante a tirar precios para conseguir librarse del stock abaratándola.

“El transporte de los alimentos fuera de temporada del hemisferio sur tiene varios perjuicios en su calidad y en su impacto ecológico”

La competencia desleal en el precio de la naranja

Esta baja de precios es una competencia desleal más para la nueva naranja ya que el vendedor agrícola ha de bajar el precio al máximo para atraer la atención al cliente que suele olvidar el mes del año en que está y sólo mira la oferta más competitiva sin preocuparse del origen.

Esta competencia tan dura también se debe a dos factores clave:

·         Los agricultores de Sudáfrica, que es el segundo país con mayor número de exportaciones de naranja, tienen unos salarios más bajos.

·         La naranja que entra de Sudáfrica a la UE no tiene los estrictos controles fitosanitarios y de calidad como los agricultores valencianos, lo cual además repercute potencialmente en la salud de los consumidores y del campo ya que son necesarios controles de plagas.

Ambos factores son, en esencia, fundamentales para no poder competir con los costes de producción de la fruta extranjera.

Si a estos factores externos añadimos otros condicionantes climáticos tenemos que el precio medio de la naranja valenciana ha caído un 23% con respecto al ejercicio anterior y en algunas variedades cítricas su valor se ha desplomado a la mitad.

Según el sindicato AVA-ASAJA son más de 30.000 las hectáreas de cítricos abandonadas sólo en el País Valenciano y eso es debido a la imposibilidad económica de recoger la fruta. La verdad es que no les compensa y es una imagen muy triste para las generaciones de agricultores que siempre han trabajado el campo.

El rooibos justo nos beneficia a todos

Si volvemos al rooibos, por otro lado, que siempre se ha cultivado en Sudáfrica, y que geográficamente no hay ningún otro sitio en el mundo que cumpla las condiciones ambientales de Ciudad del Cabo, tenemos que las grandes distribuidoras también tiran de precios bajos. Aquí el agricultor que sufre no es el valenciano, sino el sudafricano.

El comercio justo siempre ha puesto en consideración que no se paga el coste necesario para que las familias de los países en vías de desarrollo puedan cubrir sus necesidades vitales. Algo recurrente desde tiempos de la colonización que ahora están sufriendo en las propias carnes los agricultores europeos con nuestra producción local.

Es un modelo, en definitiva, de explotación que tira por suelo los principios de soberanía alimentaria. En este mundo y la relación cordial que tienen Sudáfrica con los europeos se debería valer el principio de producción local y comercio justo, mediante el cual, primemos la fruta producida en nuestros campos de Valencia y que las naranjas sudafricanas sean sólo complementarias para momentos de escasez temporal de nuestra producción. En cambio, sí que tendría que tener más cabida el rooibos, que no se puede producir en Europa, pero bajo principios de comercio justo, siendo los derechos laborales los que determinan las exenciones arancelarias. Sólo así el consumidor europeo podrá ayudar con su compra al productor valenciano y al productor sudafricano a la vez.

“Las grandes distribuidoras también tiran de precios bajos. Aquí el agricultor que sufre no es el valenciano, sino el sudafricano”

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